Tomas Libres… ¡ahora!

En esta época del año – como todos los años – nuestros ríos se cargan con mucha agua que baja de la Sierra. Tanto que por momentos – cuando ocurren las crecidas – éstos se tornan furiosos e incontrolables. En esta época del año la preocupación generalizada deja de ser la escasez de agua o la sequía, y pasa a ser la protección de parcelas y pueblos ribereños de inundaciones y desbordes de los ríos.

En esta época del año, la maquinaria pesada de todo el país debe entrar a tallar. Me refiero a tractores de oruga (bulldozers), cargadores frontales, volquetes, etc. Por lo demás, en momentos como este… la unión hace la fuerza. Gobierno Central, Fuerzas Armadas, INDECI, Gobiernos Regionales y Locales, empresas, trabajadores, voluntarios… todo el mundo debe poner el hombro. 

En esta época del año, todos los ríos del país se comportarán como acabo de describir. Frente a ello, el Gobierno no se dará abasto para atender las emergencias con la debida efectividad y celeridad. Y menos con tantos ministros novatos como los que tenemos.

Los huaicos caerán en las partes medias y bajas de nuestras cuencas, y todas las vías de acceso a nuestros distritos andinos quedarán severamente afectadas, por lo que la transitabilidad de las mismas quedará muy restringida. 

Más aún, el Gobierno Central – con todas sus limitaciones – estará con la cabeza puesta en el Norte. Concretamente en Tumbes, Piura y Lambayeque donde los desastres por desbordes e inundaciones suelen ser mucho mayores que en el Centro y Sur del país.

Ese es – más o menos – el pronóstico de la situación de nuestros ríos en esta época del año… mucha agua, mucho lodo, mucha furia, muchos desbordes, muchas inundaciones, muchos daños a nuestra infraestructura urbana y vial, y mucha inoperancia estatal.

¿Qué hacer para evitar los desbordes de los ríos? Pero también ¿cómo sacarle provecho a la abundancia de agua? Bueno pues, mi propuesta al respecto es… ¡Tomas Libres! O sea, levantar todas las compuertas y sacar la mayor cantidad de agua posible de los ríos. Claro que más efectivo sería construir miles de pequeños y medianos reservorios – y plantar miles de hectáreas de bosques – en las cabeceras de nuestras cuencas. Es decir, sembrar y cosechar agua arriba en la cordillera, tal como planteé en mi artículo de la semana pasada. Pero veamos el tema de las “Tomas Libres” que también sirven.

Efectivamente, ahora que nuestras ciudades están amenazadas por la gran cantidad de agua y lodo que traen nuestros ríos, debemos dar “Tomas Libres” para que todos los agricultores rieguen sus campos sin ninguna limitación. De esa forma matamos cuatro pájaros de un tiro: (1) regamos nuestros cultivos, (2) mejoramos nuestros suelos, (3) infiltramos los acuíferos, y (4) protegemos a nuestra población de posibles desbordes e inundaciones.

A este respecto, me parece bien que muchos parceleros iqueños – al escuchar mi propuesta – hayan exigido a sus correspondientes Juntas de Usuarios la aplicación de esta medida. Sin embargo, me parece mal que algunas Juntas se muestren renuentes a permitir las “Tomas Libres” que para cualquier persona pensante, resulta puro sentido común.

Es verdad que las Juntas de Usuarios deben cubrir íntegramente sus presupuestos anuales, para lo cual tienen que cobrar por el agua que distribuyen a los parceleros y agricultores, pero ¿por qué cobrar lo mismo por el agua regulada, que por el agua de avenida? ¡No tiene sentido!

El presupuesto anual debe recabarse de los usuarios de agua. Eso está claro. Pero el agua regulada… aquella que se almacena en reservorios artificiales, debe costar más que el agua de lluvias. Simplemente, porque el agua de lluvias es abundante, y la otra es escasa.

Pues bien, eso que parece lógico y simple, no lo es para algunos dirigentes de Juntas de Usuarios que se empecinan en negarle el agua de avenida a ciertos parceleros que pudieran estar atrasados en sus pagos de agua. Y no es que esté a favor del “perro muerto”. ¡Todo lo contrario! Simplemente estoy a favor de la sensatez y el pragmatismo.

El agua de lluvias – o de avenida – debe ser muy barata; inclusive gratuita. En cambio, el agua regulada debe costar lo que corresponda. Hay que infiltrar la mayor cantidad de agua posible a los acuíferos, para disponer de ella en los estiajes. Hay que sacarle la mayor cantidad de agua posible a nuestros ríos para mitigar el riesgo de inundación de nuestros pueblos. Esa es la lógica de la propuesta.

Tomas Libres… ¡ahora! Las Juntas de Usuarios tienen la palabra